La rica curiosa
HacÃa tiempo que Lara habÃa visto aquel vÃdeo de zoofilia, aquella mujer, a cuatro patas mientras aquel perro la montaba y otra mujer ayudaba metiendo aquel enorme pene perruno en su coño.
Ella pensaba que aquello era lo más excitante que habÃa visto.
Por eso ahora veÃa a Kate por las cámaras de seguridad, entrando a la mansió n acompañada de aquel perro, Brush.
Nerviosa se apretó las manos. Un criado le preguntó si debÃan dejar pasar a la visita y ella pidió que los guiasen a la sala de invitados donde ella se dirigÃa.
En menos de cinco minutos pudo verles pasar a la sala.
-Bienvenidos. Me alegra conoceros- dio dos besos a Kate. Después pasó una mano por la cabeza de Brush.
-Igualmente- contestó Kate.
-Aquà está lo estipulado y algo más-comentó Lara dándole un sobre a la chica-. Cuéntalo si quieres, está ahà también una copia del contrato. Voy a ir a buscar mi sello y la otra copia para firmarlos.
Lara abandonó la sala y fue a su despacho. Comprobó que todas las cámaras de seguridad enfocaban cualquier escena de la habitació n y llamó a su mayordomo, el único empleado que estaba en la mansió n.
El hombre de unos treinta años no tardó en aparecer.
-Charles, quiero que te tomes esta tarde libre. Y no hace falta que vengas esta noche. Como siempre tienes una habitació n reservada en el hotel.
-De acuerdo señorita- repuso el criado con una media sonrisa que Lara ignoró .
Espero unos minutos y observó có mo el hombre dejaba la mansió n.
Manejó entonces los ordenadores para que le mostrasen todos los ángulos de la habitació n con invitados fuesen mostrados en las diferentes pantallas.
Volvió a la sala de invitados y se dirigió a Kate.
-¿Tienes alguna duda con el contrato? Creo que en ellos se muestra todo lo que hemos hablado por el chat.
-SÃ, asà es. Solamente me preocupa la cláusula seis, esa que dice que tu no estarás en ningún momento en la sala.
-So is. Yo estaré en mi despacho, lo veré todo desde allÃ.
-¿Y las cámaras grabarán todo?
-Eso es- asintió Lara-. La grabació n resultante, como ves en la cláusula siguiente, solamente la podré ver yo. Y cualquier publicació n de la misma será totalmente ilegal.
-Bien, pues estoy de acuerdo en todo lo demás.
Las dos mujeres firmaron los documentos y, una vez terminadas las formalidades Lara apuntó :
-¿Necesitas algo para empezar? En la mesa está todo lo que hablamos por chat.
Kate miró a su alrededor y apreció en la mesa diferentes utensilios, entre ellos un bote de lubricante.
-Necesitaré unos cojines. O al menos un sofá o algo. Y una manta que pueda manchar.
Lara se encaminó al armario y de allà sacó todo lo que ella le pidió .
-Bien, si no necesitas nada más me retiro. Y podéis empezar. Cualquier cosa pulsáis aquel botó n de allÃ- señaló un botó n rojo en la pared- y ya me pides lo que necesites.
Lara volvió a su despacho.
Cuando vio por la cámara vio al perro suelto en su saló n de invitados. Kate lo acariciaba cuidadosamente.
Lara vio como poco a poco las manos de Kate se encaminaban al miembro de Brush. El can estaba quieto mientras y cuando la mano de su dueña le tocó el saco de pelo, este se quedó quieto, con las orejas erguidas.
Con delicadeza Kate continuó acariciando el saco. Lara se fijó en que sus manos parecÃan húmedas. Al mover la cámara pudo ver que tenÃa la mano derecha llena de lubricante mientras que la izquierda estaba seca mientras acariciaba al saco.
Poco a poco empezó a emerger una puntita roja.
Kate acarició la carne roja del can con la mano derecha, la que estaba llena de lubricante.
Lara deslizó su mano por debajo de sus pantalones y sus braguitas. Apretó su mano contra su chochito mojado y sintió sus propias pulsaciones de excitació n.
Mientras en la sala Kate, ayudada de lubricante le hacÃa una paja a su perro. Poco después descendió su cabeza y Lara pudo ver có mo la chica acariciaba con su lengua a la polla del animal, Que ya estaba bastante grande.
Poco a poco la polla de Brush fue desapareciendo entre los labios de Kate.
Lara, comenzó a trazar suaves cÃrculos encima de su clÃtoris con dos dedos.
Vio que Kate se empezó a desnudar mientras seguÃa acariciando al perro. Se quitó los pantalones y el tanga que traÃa. Poco después se levantó y tomó los cojines que antes le habÃa pedido.
Los puso uno encima del otro y los tapó con la manta.
Se tumbó encima de ellos, apoyando su vientre en los cojines y dejando su culo en pompa. El perro rápidamente se le subió encima. Lara vió có mo las garras del can se agarraban a su cintura, pero seguramente no le hacÃan daño a causa de que Kate seguÃa vestida de cintura hacia arriba.
Lara se desnudó , mientras observaba có mo el pene de Brush de hundÃa en el coño de Kate.
Una vez desnuda volvió sentarse en su silla y se medió un dedo en lo más profundo de su vagina.
Poco a poco fue moviéndolo más, mientras observaba atentamente los movimientos de Kate.
En la sala de invitados Kate sentÃa có mo aquella polla que tanto amaba se insertaba en su vagina entre rápidos movimientos.
Disfrutaba mucho de aquellas estocadas que solo tenÃan la finalidad de insertarle la bola para asà verter el semen perruno en su interior.
En su mente se veÃa como una perra en celo, esperando que su can la atase a el mientras aquel miembro chocaba placenteramente en sus paredes vaginales.
Como siempre que lo hacÃa con su perro sentÃa la humedad en sus muslos. SabÃa que sus fluidos, mezclados con el lÃquido preseminal del perro, se resbalaban hacia sus rodillas y acababan en la manta que el habÃa puesto.
Una estocada certera obligó a sus labios ceder, dejando entrar a aquel nudo de carne, produciendo que todo dejase de tener sentido por un momento y olvidase las cámaras y el trabajo que estaba haciendo y se pusiese a gemir como una posesa. Tal y como lo hacÃa cuando estaba en la intimidad.
Lara en su despacho jugaba con su vibrador y cuándo vio aquella enorme bola insertarse entre aquellos labios no pudo, ni quiso, evitar un gran orgasmo.
Kate yacÃa en los cojines, enlazada con su perro negro, que poco a poco se dio la vuelta y quedaron culo con culo.
Cuando se recobró un poco se acarició el clÃtoris, notando có mo aquel pene pulsaba dentro de ella.
No tubo fuerzas para llegar a otro orgasmo, el primero habÃa sido devastador, pero aún asà disfrutó de la unió n postcoital tan Ãntima entre Brush y ella.
En su despacho, Lara sà llegó al segundo orgasmo. Y al tercero cuando Brush se desabotonó de Kate y ella pudo ver su gran carne en todo sus explendor.
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Ella pensaba que aquello era lo más excitante que habÃa visto.
Por eso ahora veÃa a Kate por las cámaras de seguridad, entrando a la mansió n acompañada de aquel perro, Brush.
Nerviosa se apretó las manos. Un criado le preguntó si debÃan dejar pasar a la visita y ella pidió que los guiasen a la sala de invitados donde ella se dirigÃa.
En menos de cinco minutos pudo verles pasar a la sala.
-Bienvenidos. Me alegra conoceros- dio dos besos a Kate. Después pasó una mano por la cabeza de Brush.
-Igualmente- contestó Kate.
-Aquà está lo estipulado y algo más-comentó Lara dándole un sobre a la chica-. Cuéntalo si quieres, está ahà también una copia del contrato. Voy a ir a buscar mi sello y la otra copia para firmarlos.
Lara abandonó la sala y fue a su despacho. Comprobó que todas las cámaras de seguridad enfocaban cualquier escena de la habitació n y llamó a su mayordomo, el único empleado que estaba en la mansió n.
El hombre de unos treinta años no tardó en aparecer.
-Charles, quiero que te tomes esta tarde libre. Y no hace falta que vengas esta noche. Como siempre tienes una habitació n reservada en el hotel.
-De acuerdo señorita- repuso el criado con una media sonrisa que Lara ignoró .
Espero unos minutos y observó có mo el hombre dejaba la mansió n.
Manejó entonces los ordenadores para que le mostrasen todos los ángulos de la habitació n con invitados fuesen mostrados en las diferentes pantallas.
Volvió a la sala de invitados y se dirigió a Kate.
-¿Tienes alguna duda con el contrato? Creo que en ellos se muestra todo lo que hemos hablado por el chat.
-SÃ, asà es. Solamente me preocupa la cláusula seis, esa que dice que tu no estarás en ningún momento en la sala.
-So is. Yo estaré en mi despacho, lo veré todo desde allÃ.
-¿Y las cámaras grabarán todo?
-Eso es- asintió Lara-. La grabació n resultante, como ves en la cláusula siguiente, solamente la podré ver yo. Y cualquier publicació n de la misma será totalmente ilegal.
-Bien, pues estoy de acuerdo en todo lo demás.
Las dos mujeres firmaron los documentos y, una vez terminadas las formalidades Lara apuntó :
-¿Necesitas algo para empezar? En la mesa está todo lo que hablamos por chat.
Kate miró a su alrededor y apreció en la mesa diferentes utensilios, entre ellos un bote de lubricante.
-Necesitaré unos cojines. O al menos un sofá o algo. Y una manta que pueda manchar.
Lara se encaminó al armario y de allà sacó todo lo que ella le pidió .
-Bien, si no necesitas nada más me retiro. Y podéis empezar. Cualquier cosa pulsáis aquel botó n de allÃ- señaló un botó n rojo en la pared- y ya me pides lo que necesites.
Lara volvió a su despacho.
Cuando vio por la cámara vio al perro suelto en su saló n de invitados. Kate lo acariciaba cuidadosamente.
Lara vio como poco a poco las manos de Kate se encaminaban al miembro de Brush. El can estaba quieto mientras y cuando la mano de su dueña le tocó el saco de pelo, este se quedó quieto, con las orejas erguidas.
Con delicadeza Kate continuó acariciando el saco. Lara se fijó en que sus manos parecÃan húmedas. Al mover la cámara pudo ver que tenÃa la mano derecha llena de lubricante mientras que la izquierda estaba seca mientras acariciaba al saco.
Poco a poco empezó a emerger una puntita roja.
Kate acarició la carne roja del can con la mano derecha, la que estaba llena de lubricante.
Lara deslizó su mano por debajo de sus pantalones y sus braguitas. Apretó su mano contra su chochito mojado y sintió sus propias pulsaciones de excitació n.
Mientras en la sala Kate, ayudada de lubricante le hacÃa una paja a su perro. Poco después descendió su cabeza y Lara pudo ver có mo la chica acariciaba con su lengua a la polla del animal, Que ya estaba bastante grande.
Poco a poco la polla de Brush fue desapareciendo entre los labios de Kate.
Lara, comenzó a trazar suaves cÃrculos encima de su clÃtoris con dos dedos.
Vio que Kate se empezó a desnudar mientras seguÃa acariciando al perro. Se quitó los pantalones y el tanga que traÃa. Poco después se levantó y tomó los cojines que antes le habÃa pedido.
Los puso uno encima del otro y los tapó con la manta.
Se tumbó encima de ellos, apoyando su vientre en los cojines y dejando su culo en pompa. El perro rápidamente se le subió encima. Lara vió có mo las garras del can se agarraban a su cintura, pero seguramente no le hacÃan daño a causa de que Kate seguÃa vestida de cintura hacia arriba.
Lara se desnudó , mientras observaba có mo el pene de Brush de hundÃa en el coño de Kate.
Una vez desnuda volvió sentarse en su silla y se medió un dedo en lo más profundo de su vagina.
Poco a poco fue moviéndolo más, mientras observaba atentamente los movimientos de Kate.
En la sala de invitados Kate sentÃa có mo aquella polla que tanto amaba se insertaba en su vagina entre rápidos movimientos.
Disfrutaba mucho de aquellas estocadas que solo tenÃan la finalidad de insertarle la bola para asà verter el semen perruno en su interior.
En su mente se veÃa como una perra en celo, esperando que su can la atase a el mientras aquel miembro chocaba placenteramente en sus paredes vaginales.
Como siempre que lo hacÃa con su perro sentÃa la humedad en sus muslos. SabÃa que sus fluidos, mezclados con el lÃquido preseminal del perro, se resbalaban hacia sus rodillas y acababan en la manta que el habÃa puesto.
Una estocada certera obligó a sus labios ceder, dejando entrar a aquel nudo de carne, produciendo que todo dejase de tener sentido por un momento y olvidase las cámaras y el trabajo que estaba haciendo y se pusiese a gemir como una posesa. Tal y como lo hacÃa cuando estaba en la intimidad.
Lara en su despacho jugaba con su vibrador y cuándo vio aquella enorme bola insertarse entre aquellos labios no pudo, ni quiso, evitar un gran orgasmo.
Kate yacÃa en los cojines, enlazada con su perro negro, que poco a poco se dio la vuelta y quedaron culo con culo.
Cuando se recobró un poco se acarició el clÃtoris, notando có mo aquel pene pulsaba dentro de ella.
No tubo fuerzas para llegar a otro orgasmo, el primero habÃa sido devastador, pero aún asà disfrutó de la unió n postcoital tan Ãntima entre Brush y ella.
En su despacho, Lara sà llegó al segundo orgasmo. Y al tercero cuando Brush se desabotonó de Kate y ella pudo ver su gran carne en todo sus explendor.
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